"El viaje sólo es el viaje hacia el interior"
Rilke

domingo, 20 de noviembre de 2016

De todo tres cosas


De todo, quedaron tres cosas:
la certeza de que estaba siempre comenzando,
la certeza de que había que seguir
y la certeza de que sería interrumpido antes de terminar.

Hacer de la interrupción un camino nuevo,
hacer de la caida, un paso de danza,
del miedo, una escalera,
del sueño, un puente, de la búsqueda,...un encuentro

                                                                                         Fernando Pessoa

jueves, 5 de mayo de 2016

Bolas de Algodón

Cenizas en el aire
van adornando el cielo
con gotas transparentes
como un hermoso velo.

Parece que caminan
sobre un pequeño hilo
y solo las escuchas 
si no van con sigilo.

Cuando están enfadadas
miro por la ventana
su ira descargada
como severas llamas.

Son bolas de algodón
que brillan junto al sol,
me late el corazón,
que bello es su color. 
                           Elsa Díaz Padial (13 años)

viernes, 27 de febrero de 2015

Canción a una muchacha ajedrecista muerta






Llueve sobre el verano del tablero.
En blanco y negro llueve sobre ti.
Nadie controla tu reloj: te espero
....................................para jugar allí.


¿Tú mueves o yo muevo? Quién lo sabe.
Quién sabe si allá juega o juega aquí.
De pronto tu tablero es una nave
que te lleva y nos lleva hacia un jardín.

Hacia un jardín remoto de caballos
que inmóviles nos mirany a un alfil
que negro lanza rayos, rayos, rayos,
y hace mil años que está de perfil.

Hacia un jardín remoto de tres torres
donde una dama blanca va hacia ti,
te llama a ti, y tú hacia ella corres
..................................y no hay en ella fin.

Donde un peón ha roto ya los sellos
y te ciñe las sienes de marfil,
y un rey recoge ahora tus cabellos
para cubrir con ellos su país.

Hacia un jardín remoto al mediodía,
donde el agua se tiende en su dormir,
y ya no hay sed y nunca hay todavía
y hay un árbol de sol en el jardín.

Sólo que tú no estás. Y está la luna
cayendo interminable en el jardín
sobre las soledades de una cuna.
Y hay olor de silencio y de partir.



                                            Miguel Arteche a Macarena Baráibar
 
    "soy un poco lobo solitario: a veces alegre, a veces nostálgico;
   a veces intratable, a veces hipnótico (de mí mismo); 
   a veces agorafóbico, a veces claustrofóbico, a veces orgulloso,
   a veces humilde; a veces (me siento) inventor de música,
   a veces gran maestro de ajedrez (que es lo que quise ser, y no fui),
   y terminé en aficionado silvestre".


jueves, 6 de noviembre de 2014

A tí, oscuridad














A ti, oscuridad de la que vengo,
te amo más que a la llama
que delimita el mundo
y brilla sólo
en el centro del círculo,
afuera del cual nadie sabe salir.

Pero esa oscuridad todo lo abarca:
formas, llamas, animales, y a mí mismo,
y todo lo arrebata,
hombres y poderes…

Y puede ser: una inmensa fuerza
cerca de mí se agita.

Creo en las noches.
                                                  R. M. Rilke

miércoles, 21 de mayo de 2014

Rendez-vous



Otra vez estas aquí. 
Me acomodo a tu presencia intermitente y respiro hondo tu aroma, como queriendo contener en mis pulmones la emoción de los días. 
Mi piel erizada se llena de ti y un regusto salado me hace pasar la lengua por los labios cuando despiertan. 
¿Cuanto hacía desde la última vez? El eco de nuestra historia me abraza con tu cadencia y, al abrigo de tu mano tenue, dibuja en colores pastel los hoyitos de la arena. 
Me dejo llevar y sigo tu juego, hipnotizado por tus relatos de aventuras, de lugares exóticos y de sirenas perdidas; y de historias de amor contadas al calor de la lumbre. 
Apenas puedo articular palabra cuando me muestras tu tesoro iluminado... Ahora lo entiendo, me has traído aquí para esto. 
Mis ojos pugnan por mantenerse abiertos, por retener tu imagen, por atrapar ese brillo que les desborda resbalando por las mejillas. 
Me dejo caer, abriendo los brazos. 
Quiero un abrazo grande. 
Hundo en ti mis manos con gratitud y me lleno de ti. 
De nuevo tu aroma me recorre el cuerpo. 
No existe el tiempo. 
Es un instante eterno… y empiezas  tu danza. 
A mi alrededor comienzas a aparecer en remolinos violeta..., y me acaricias, levemente…, lo justo para notar que estas ahí. 
No existe el tiempo.
Poco a poco, la sensación tibia de tu abrazo anuncia tu adiós. Abro de nuevo los ojos para retenerte, y tu pelo se va tornando cobrizo, claro, luminoso.
Mientras te alejas me devuelves la mirada cómplice, y yo asiento… 
Sé que volverás.

G.A.

martes, 14 de enero de 2014

Él desea las telas del cielo



Si tuviese yo las telas bordadas del cielo,
recamadas con luz dorada y plateada,
las telas azules y las tenues y las oscuras
de la noche y la luz y la media luz,
extendería las telas bajo tus pies:
Pero, siendo pobre, sólo tengo mis sueños;
he extendido mis sueños bajo tus pies;
pisa suavemente, pues pisas mis sueños.
 


                                                          W.B. Yeats

Gracias Merche

miércoles, 11 de diciembre de 2013

lunes, 18 de noviembre de 2013

ELLA QUERÍA ESO Y YO LE DABA ESO. NI SEMEN, NI SONRISAS, LATIGAZOS



Un día me pidió que la matara
y yo me lo pensé.

Al señor magistrado le podrás decir
que era el primer orgasmo de mi vida
y que esa emoción violenta me mató,
a mí no me lo digas, llévame una flor.

A mí, dame la opulencia de tus manos
pegándome,
abriendo surcos de amor sobre mi piel,
tu distancia viéndome gozar, eso quiero,
las blasfemias al oído para poder llegar:

Puta... Puta... Puta... hoy no te pegaré
y, ahí, comenzaba el gran concierto.

Los ayes de la bestia se tragaban el alma
la moral quedaba arrinconada en la ventana
y la carne en su ética, más allá de mi goce,
imponía la maravilla del dolor, su algarabía.

Un día me pidió que la matara
y yo me lo pensé.

A tus amigos puedes decirles
que no te amaba tanto.

Que me fui con un hombre
que permite el silencio.
Todos los amigos entenderán,
me fui con un hombre,
que amaba con frenesí,
todos mis defectos.

Nadie preguntará por la que sólo goza
cuando sobre su piel el amor deja huellas,
marcas que atestigüen que estuvimos, ahí,
amándonos.

Éramos únicos en esa soledad,
tú, enamorado de mis gritos,
yo, del dolor.

Tu cuerpo no existía,
sólo tu brazo firme
golpeando las nalgas de la muerte.

A tus amigos diles que un día me cansé
de tus modales delicados, de tu timidez,
que yo quería un macho a mi lado,
que me obligara a amar,
que me pegara siempre.

Y tú estabas lleno de palabras,
tu brazo, al pegarme, siempre tembló.

Cuando tu brazo dejó de ser tu brazo
y fue el viento de fuego del desierto,
la helada razón de los glaciares árticos,
ese día gocé,
ese día gocé desde la marca al alma,
ese día el dolor
gozó en mí como nunca.

Hielo sobre fuego y no se derretía.
Era un cristal que atravesaba el fuego
y al chocar con la piel se diluía.

Al recordar,
hielo y fuego eran el mismo sueño.

Quiero que intervenga la justicia,
que se abra un expediente
que se investigue nuestro amor.

¿Quién es el asesino?

Tus manos que apretarán mi cuello
hasta el orgasmo
o la tarde de otoño donde ciegos,
atravesamos las calles del delirio,
donde una gran maldad naciente
me hacía gozar.

¿Quién es el asesino?

Este pobre hombre sin destino
que sólo desea mi deseo
de morir en sus brazos
o la pequeña mujer
que invade su cerebro
cuando me llama puta.

¿Quién el culpable, quién?

Si cuando su brazo se alzaba
omnipotente contra el mundo,
era la fuerza de su brazo, mi deseo.

Le digo no a la vida para poder amarte,
me hundo entre las piedras amargas
de tus universales reflexiones.

Esquivo bruscamente
caricias comprometedoras
y caigo, infinita,
en mi propia negritud.

Hoy no es el goce el que nos llama.
Hoy es la muerte la que quiere gozar.

¡Pégame!

Soy esa puta
que siempre quisiste maltratar.
La esclava por amor
que siempre ambicionaste.
La mujer extranjera y sin familia
que nadie reclamará.

¡Mátame!

Llénate para siempre de mis gritos
de goce con la muerte.

Toma distancia de nuestro amor
pidiendo piedad
y mátame.
Haz como que juegas con mi cuello
y rómpelo.
Desprecio tu cobardía
tu demencia varonil
y muero sin que me mates,
sin matarme muero.

Siembro en tu vida la duda, la sospecha.
No me has matado, no y, sin embargo,
eres el asesino, el que violó a su víctima
mientras agonizaba.

Escríbeme un poema,
no te olvides.
Dibújame en la cara
una sonrisa eterna.
Pon tersura en mis pechos
y en mis nalgas la salsa de la vida.
No dejes de decir en el poema
que yo, también, te amaba.

A mis mujeres amadas,
a nuestras novias amadas
les dirás toda la verdad:

Un día me pidió que la matara
y la maté.

Y a cada una de ellas, mis amadas,
le hablarás en secreto de nuestro amor
y del grandioso momento de mi muerte.

Ellas se volverán locas
y buscarán el goce del dolor
y tú serás el asesino en serie
que la historia jamás olvidará.

Ten un destino
pégame más fuerte
mátame.
                                                              Miguel Oscar Menassa

miércoles, 9 de octubre de 2013

¿Qué me traes hoy amor?





 ¿Qué me traes hoy amor? La inquietud baila con mi respiración mientras me voy acercando a ti, desnudo. 


¿Qué me traes hoy amor?  Dejo que tu perfume me acaricie, respiro hondo; sabría que eres tú con los ojos cerrados. A solas, me arrodillo en tu regazo y me abrazas, y lleno de gratitud, me hago la ilusión de que me perteneces un poquito. 


¿Qué me traes hoy amor? Y juego contigo y juegas conmigo esperando que el alba despunte, y me sumerjo dentro de ti una y otra vez como si quisiera quedarme ahí para siempre. 


Pero no es para siempre, lo sé, y ahora he de irme. Y mientras me visto intento adivinar qué me has traído hoy. Miro de reojo para que no me veas, y que no se note que lo estoy deseando. 


Te acaricio por última vez y me alejo con el eco de tu adiós acolchado. Y me alejo, y busco mi regalo. 
¿Qué me has traído hoy amor?                                                                                                                                                                                       G.A.

miércoles, 24 de julio de 2013

¿ASÍ QUE QUIERES SER ESCRITOR?

 

Si no te sale ardiendo de dentro,
a pesar de todo,
no lo hagas.
A no ser que salga espontáneamente de tu corazón
y de tu mente y de tu boca
y de tus tripas,
no lo hagas.
Si tienes que sentarte durante horas
con la mirada fija en la pantalla del ordenador
ó clavado en tu máquina de escribir
buscando las palabras,
no lo hagas.
Si lo haces por dinero o fama,
no lo hagas.
Si lo haces porque quieres mujeres en tu cama,
no lo hagas.
Si tienes que sentarte
y reescribirlo una y otra vez,
no lo hagas.
Si te cansa sólo pensar en hacerlo,
no lo hagas.
Si estás intentando escribir
como cualquier otro, olvídalo.

Si tienes que esperar a que salga rugiendo de ti,
espera pacientemente.
Si nunca sale rugiendo de ti, haz otra cosa.

Si primero tienes que leerlo a tu esposa
ó a tu novia ó a tu novio
ó a tus padres ó a cualquiera,
no estás preparado.

No seas como tantos escritores,
no seas como tantos miles de
personas que se llaman a sí mismos escritores,
no seas soso y aburrido y pretencioso,
no te consumas en tu amor propio.
Las bibliotecas del mundo
bostezan hasta dormirse
con esa gente.
No seas uno de ellos.
No lo hagas.
A no ser que salga de tu alma
como un cohete,
a no ser que quedarte quieto
pudiera llevarte a la locura,
al suicidio o al asesinato,
no lo hagas.
A no ser que el sol dentro de ti
esté quemando tus tripas, no lo hagas.
Cuando sea verdaderamente el momento,
y si has sido elegido,
sucederá por sí solo y
seguirá sucediendo hasta que mueras
ó hasta que muera en ti.
No hay otro camino.
Y nunca lo hubo. 


                                                  Charles Bukowski


Gracias... Gr@che

domingo, 26 de mayo de 2013

martes, 23 de abril de 2013

UTOPÍA




La utopía está en el horizonte. 
Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos,
avanzo diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. 
¿Entonces para que sirve la utopía? 
Para eso sirve... para caminar. 
                                                                  Eduardo Galeano

Amanece la vida
siembra y simiente
todos los días
                    G.A.

miércoles, 20 de marzo de 2013

Un leve instante
se retrasa sobre las flores
el claro de luna 

                             Bashö

martes, 8 de enero de 2013


Como las olas
la vida mece el alma
del navegante
                        G.A.

martes, 23 de octubre de 2012

El Barrio


El barrio sigue siendo el barrio. Hay algo indescifrable en el aire que te abraza cuandos estás allí. El aroma de los plátanos se mezcla con su sombra al atardecer dejando que el sol haga pequeños guiños a los paseantes. Porque en el barrio se pasea... no sé porqué, es la costumbre. Se pasea por la fronda y por las calles, y porque sí, lentamente, disfrutandolo, como el eterno compañero que es.                                                                                                                                                                                                           G.A.

martes, 4 de septiembre de 2012

Invictus



"Más allá de la noche que me cubre,
negra como el abismo insondable,
doy gracias a los dioses que pudieran existir
por mi alma inconquistable.

En las azarosas garras de las circunstancias

nunca me he lamentado ni he pestañeado.
Sometido a los golpes del destino
mi cabeza está ensangrentada, pero erguida.

Más allá de este lugar de cólera y lágrimas

donde yace el Horror de la sombra,
la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.

No importa cuán estrecho sea el portal,

cuán cargada de castigos la sentencia,
soy el amo de mi destino: 

soy el capitán de mi alma."


                                                William Ernest Henley

jueves, 30 de agosto de 2012

La Taza de Té




 “Nan-in era un Maestro Zen japonés de la era Meiji admirado por su prudencia y por su sencillez. Muchos  jóvenes acudían a visitar al Maestro a su jardín. Esto intrigó a un prestigioso profesor universitario, y decidió ir a visitarlo.
El profesor se hizo anunciar con antelación, haciendo saber que no disponía de mucho tiempo, pues tenía que regresar a sus importantes tareas en la universidad.
Al llegar, saludó al Maestro y, sin más preámbulos, le preguntó por el camino del Zen. Nan-in le ofreció una taza de té y se la sirvió con toda la calma del mundo. Cuando la taza del profesor ya estaba llena, el Maestro siguió vertiéndo el té. Cuando el profesor vio que el té se derramaba exclamó:
- ¿Pero no se da cuenta de que está completamente llena? ¡Ya no cabe ni una gota más!
- Al igual que esta taza, – respondió Nan-in con una amable sonrisa -, usted está lleno de sus opiniones. ¿Cómo podría mostrarle lo que es el camino del Zen si primero no vacía su taza?
Furioso, el profesor se levantó. Y con una mera inclinación de cabeza se despidió sin decir palabra. Mientras el Maestro limpiaba el té desparramado, un joven se acercó para ayudarle.
- Maestro, ¡cuánta suficiencia! Qué difícil debe ser para los letrados comprender la sencillez del Zen.
- No menos que para muchos jóvenes que llegan cargados de ambición y no se han esforzado por cultivar las disciplinas del estudio. Al menos, los estudiosos ya han hecho una parte del camino y tienen algo de lo que desprenderse.