"El viaje sólo es el viaje hacia el interior"
Rilke

miércoles, 8 de agosto de 2018

No te pido nada


 


















No te voy a pedir que me des un beso. Ni que me pidas perdón cuando creo que lo has hecho mal o que te has equivocado. Tampoco voy a pedirte que me abraces cuando más lo necesito, o que me invites a cenar el día de nuestro aniversario.

No te voy a pedir que nos vayamos a recorrer el mundo, a vivir nuevas experiencias, y mucho menos te voy a pedir que me des la mano cuando estemos en mitad de esa ciudad.
No te voy a pedir que me digas lo guapa que voy, aunque sea mentira, ni que me escribas nada bonito. Tampoco te voy a pedir que me llames para contarme qué tal fue en el día, ni que me digas que me echas de menos.

No te voy a pedir que me des las gracias por todo lo que hago por ti, mi que te preocupes por mi cuando mis ánimos están por los suelos, y por supuesto, no te pediré que me apoyes en mis decisiones. Tampoco te voy a pedir que me escuches cuando tengo mil historias que contarte. No te voy a pedir que hagas nada, ni siquiera que te quedes a mi lado para siempre.

Porque si tengo que pedírtelo, ya no lo quiero.

                                                                                 Frida Kahlo

martes, 31 de julio de 2018

Me gustas cuando callas


Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.
Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.
Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle con el silencio tuyo.
Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.
Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

                                                                Pablo Neruda

viernes, 29 de junio de 2018

La chica de ayer




Me declaro culpable de soñar en voz alta.
De confiar en el otro.
De crear poesía.
Me declaro culpable de decir lo que siento, de apostar por los sentimientos.
Me declaro culpable de sentir que es posible, de llorar por tu ausencia.
Me declaro culpable de vivir otro tiempo.
De confiar en un gesto, de insistir en la verdad.
Me declaro culpable, si, me declaro culpable.
Y no me arrepiento.
                            https://www.facebook.com/La-Chica-de-Ayer-933281603434820/

sábado, 2 de junio de 2018

lunes, 2 de abril de 2018

Gloria




Nací para poeta o para muerto,
 escogí lo difícil
 —supervivo de todos los naufragios—,
 y sigo con mis versos,
 vivita y coleando.
Nací para puta o payaso,
 escogí lo difícil
—hacer reír a los clientes desahuciados—,
 y sigo con mis trucos,
 sacando una paloma del refajo.
Nací para nada o soldado,
 y escogí lo difícil
 —no ser apenas nada en el tablado—,
 y sigo entre fusiles y pistolas,
 sin mancharme las manos.
                                                    Gloria Fuertes


martes, 5 de diciembre de 2017

domingo, 20 de noviembre de 2016

De todo tres cosas


De todo, quedaron tres cosas:
la certeza de que estaba siempre comenzando,
la certeza de que había que seguir
y la certeza de que sería interrumpido antes de terminar.

Hacer de la interrupción un camino nuevo,
hacer de la caida, un paso de danza,
del miedo, una escalera,
del sueño, un puente, de la búsqueda,...un encuentro

                                                                                         Fernando Pessoa

jueves, 5 de mayo de 2016

Bolas de Algodón

Cenizas en el aire
van adornando el cielo
con gotas transparentes
como un hermoso velo.

Parece que caminan
sobre un pequeño hilo
y solo las escuchas 
si no van con sigilo.

Cuando están enfadadas
miro por la ventana
su ira descargada
como severas llamas.

Son bolas de algodón
que brillan junto al sol,
me late el corazón,
que bello es su color. 
                           Elsa Díaz Padial (13 años)

viernes, 27 de febrero de 2015

Canción a una muchacha ajedrecista muerta






Llueve sobre el verano del tablero.
En blanco y negro llueve sobre ti.
Nadie controla tu reloj: te espero
....................................para jugar allí.


¿Tú mueves o yo muevo? Quién lo sabe.
Quién sabe si allá juega o juega aquí.
De pronto tu tablero es una nave
que te lleva y nos lleva hacia un jardín.

Hacia un jardín remoto de caballos
que inmóviles nos mirany a un alfil
que negro lanza rayos, rayos, rayos,
y hace mil años que está de perfil.

Hacia un jardín remoto de tres torres
donde una dama blanca va hacia ti,
te llama a ti, y tú hacia ella corres
..................................y no hay en ella fin.

Donde un peón ha roto ya los sellos
y te ciñe las sienes de marfil,
y un rey recoge ahora tus cabellos
para cubrir con ellos su país.

Hacia un jardín remoto al mediodía,
donde el agua se tiende en su dormir,
y ya no hay sed y nunca hay todavía
y hay un árbol de sol en el jardín.

Sólo que tú no estás. Y está la luna
cayendo interminable en el jardín
sobre las soledades de una cuna.
Y hay olor de silencio y de partir.



                                            Miguel Arteche a Macarena Baráibar
 
    "soy un poco lobo solitario: a veces alegre, a veces nostálgico;
   a veces intratable, a veces hipnótico (de mí mismo); 
   a veces agorafóbico, a veces claustrofóbico, a veces orgulloso,
   a veces humilde; a veces (me siento) inventor de música,
   a veces gran maestro de ajedrez (que es lo que quise ser, y no fui),
   y terminé en aficionado silvestre".


jueves, 6 de noviembre de 2014

A tí, oscuridad














A ti, oscuridad de la que vengo,
te amo más que a la llama
que delimita el mundo
y brilla sólo
en el centro del círculo,
afuera del cual nadie sabe salir.

Pero esa oscuridad todo lo abarca:
formas, llamas, animales, y a mí mismo,
y todo lo arrebata,
hombres y poderes…

Y puede ser: una inmensa fuerza
cerca de mí se agita.

Creo en las noches.
                                                  R. M. Rilke

miércoles, 21 de mayo de 2014

Rendez-vous



Otra vez estas aquí. 
Me acomodo a tu presencia intermitente y respiro hondo tu aroma, como queriendo contener en mis pulmones la emoción de los días. 
Mi piel erizada se llena de ti y un regusto salado me hace pasar la lengua por los labios cuando despiertan. 
¿Cuanto hacía desde la última vez? El eco de nuestra historia me abraza con tu cadencia y, al abrigo de tu mano tenue, dibuja en colores pastel los hoyitos de la arena. 
Me dejo llevar y sigo tu juego, hipnotizado por tus relatos de aventuras, de lugares exóticos y de sirenas perdidas; y de historias de amor contadas al calor de la lumbre. 
Apenas puedo articular palabra cuando me muestras tu tesoro iluminado... Ahora lo entiendo, me has traído aquí para esto. 
Mis ojos pugnan por mantenerse abiertos, por retener tu imagen, por atrapar ese brillo que les desborda resbalando por las mejillas. 
Me dejo caer, abriendo los brazos. 
Quiero un abrazo grande. 
Hundo en ti mis manos con gratitud y me lleno de ti. 
De nuevo tu aroma me recorre el cuerpo. 
No existe el tiempo. 
Es un instante eterno… y empiezas  tu danza. 
A mi alrededor comienzas a aparecer en remolinos violeta..., y me acaricias, levemente…, lo justo para notar que estas ahí. 
No existe el tiempo.
Poco a poco, la sensación tibia de tu abrazo anuncia tu adiós. Abro de nuevo los ojos para retenerte, y tu pelo se va tornando cobrizo, claro, luminoso.
Mientras te alejas me devuelves la mirada cómplice, y yo asiento… 
Sé que volverás.

G.A.

martes, 14 de enero de 2014

Él desea las telas del cielo



Si tuviese yo las telas bordadas del cielo,
recamadas con luz dorada y plateada,
las telas azules y las tenues y las oscuras
de la noche y la luz y la media luz,
extendería las telas bajo tus pies:
Pero, siendo pobre, sólo tengo mis sueños;
he extendido mis sueños bajo tus pies;
pisa suavemente, pues pisas mis sueños.
 


                                                          W.B. Yeats

Gracias Merche

miércoles, 11 de diciembre de 2013

lunes, 18 de noviembre de 2013

ELLA QUERÍA ESO Y YO LE DABA ESO. NI SEMEN, NI SONRISAS, LATIGAZOS



Un día me pidió que la matara
y yo me lo pensé.

Al señor magistrado le podrás decir
que era el primer orgasmo de mi vida
y que esa emoción violenta me mató,
a mí no me lo digas, llévame una flor.

A mí, dame la opulencia de tus manos
pegándome,
abriendo surcos de amor sobre mi piel,
tu distancia viéndome gozar, eso quiero,
las blasfemias al oído para poder llegar:

Puta... Puta... Puta... hoy no te pegaré
y, ahí, comenzaba el gran concierto.

Los ayes de la bestia se tragaban el alma
la moral quedaba arrinconada en la ventana
y la carne en su ética, más allá de mi goce,
imponía la maravilla del dolor, su algarabía.

Un día me pidió que la matara
y yo me lo pensé.

A tus amigos puedes decirles
que no te amaba tanto.

Que me fui con un hombre
que permite el silencio.
Todos los amigos entenderán,
me fui con un hombre,
que amaba con frenesí,
todos mis defectos.

Nadie preguntará por la que sólo goza
cuando sobre su piel el amor deja huellas,
marcas que atestigüen que estuvimos, ahí,
amándonos.

Éramos únicos en esa soledad,
tú, enamorado de mis gritos,
yo, del dolor.

Tu cuerpo no existía,
sólo tu brazo firme
golpeando las nalgas de la muerte.

A tus amigos diles que un día me cansé
de tus modales delicados, de tu timidez,
que yo quería un macho a mi lado,
que me obligara a amar,
que me pegara siempre.

Y tú estabas lleno de palabras,
tu brazo, al pegarme, siempre tembló.

Cuando tu brazo dejó de ser tu brazo
y fue el viento de fuego del desierto,
la helada razón de los glaciares árticos,
ese día gocé,
ese día gocé desde la marca al alma,
ese día el dolor
gozó en mí como nunca.

Hielo sobre fuego y no se derretía.
Era un cristal que atravesaba el fuego
y al chocar con la piel se diluía.

Al recordar,
hielo y fuego eran el mismo sueño.

Quiero que intervenga la justicia,
que se abra un expediente
que se investigue nuestro amor.

¿Quién es el asesino?

Tus manos que apretarán mi cuello
hasta el orgasmo
o la tarde de otoño donde ciegos,
atravesamos las calles del delirio,
donde una gran maldad naciente
me hacía gozar.

¿Quién es el asesino?

Este pobre hombre sin destino
que sólo desea mi deseo
de morir en sus brazos
o la pequeña mujer
que invade su cerebro
cuando me llama puta.

¿Quién el culpable, quién?

Si cuando su brazo se alzaba
omnipotente contra el mundo,
era la fuerza de su brazo, mi deseo.

Le digo no a la vida para poder amarte,
me hundo entre las piedras amargas
de tus universales reflexiones.

Esquivo bruscamente
caricias comprometedoras
y caigo, infinita,
en mi propia negritud.

Hoy no es el goce el que nos llama.
Hoy es la muerte la que quiere gozar.

¡Pégame!

Soy esa puta
que siempre quisiste maltratar.
La esclava por amor
que siempre ambicionaste.
La mujer extranjera y sin familia
que nadie reclamará.

¡Mátame!

Llénate para siempre de mis gritos
de goce con la muerte.

Toma distancia de nuestro amor
pidiendo piedad
y mátame.
Haz como que juegas con mi cuello
y rómpelo.
Desprecio tu cobardía
tu demencia varonil
y muero sin que me mates,
sin matarme muero.

Siembro en tu vida la duda, la sospecha.
No me has matado, no y, sin embargo,
eres el asesino, el que violó a su víctima
mientras agonizaba.

Escríbeme un poema,
no te olvides.
Dibújame en la cara
una sonrisa eterna.
Pon tersura en mis pechos
y en mis nalgas la salsa de la vida.
No dejes de decir en el poema
que yo, también, te amaba.

A mis mujeres amadas,
a nuestras novias amadas
les dirás toda la verdad:

Un día me pidió que la matara
y la maté.

Y a cada una de ellas, mis amadas,
le hablarás en secreto de nuestro amor
y del grandioso momento de mi muerte.

Ellas se volverán locas
y buscarán el goce del dolor
y tú serás el asesino en serie
que la historia jamás olvidará.

Ten un destino
pégame más fuerte
mátame.
                                                              Miguel Oscar Menassa